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Guía · Comprobado contra la documentación de Google

Google no puede leer tu web y tú no ves nada raro

Buscas el nombre de tu negocio y no apareces. Ni con el nombre exacto. Abres la dirección en el móvil y todo funciona, así que la conclusión natural es que Google tarda, o que hay que pagar algo.

Muchas veces no es ninguna de las dos. Es que el rastreador pidió la página y le contestaron que no, y eso no se ve desde un navegador porque a ti sí te contestan. Estas son las cuatro formas en que pasa, cómo distinguirlas y cuál es el arreglo bueno.

El servidor le dice que no a todo el mundo

Es la más brutal y la más fácil de comprobar. El servidor devuelve un error a cualquiera que pida la dirección, y punto. Suele venir de una protección mal ajustada, de un plan de alojamiento caducado o de una migración que dejó algo a medias. El dueño no se entera porque él entra por otro camino, o porque hace meses que no abre su propia web.

En el censo de las 175 compraventas de Granada apareció un caso así: la dirección contestaba 403 Forbidden con 358 bytes y ningún contenido, ni a un navegador normal ni a nadie. El negocio tiene 5,0 en Google con 18 reseñas y lleva pagando un dominio que no sirve absolutamente nada. Medido el 10 de agosto de 2026 al censar las 175 compraventas de la provincia. No doy el nombre porque no me ha autorizado.
Compruébalo

Pide la dirección desde fuera de tu red y mira la primera línea que contesta:

curl -sI https://tudominio.es | head -1

Un 200 está bien. Un 301 o un 308 también, que son redirecciones. Cualquier cosa que empiece por 4 o por 5 significa que ahí no hay nada que leer.

El cortafuegos le enseña una pantalla de verificación

Esta es la más común y la más traicionera, porque el sitio funciona perfectamente para las personas. Muchos alojamientos ponen delante un servicio de protección que decide, mirando el tráfico, si quien pide la página es un humano. Cuando duda, contesta con esa pantalla de espera que todos hemos visto alguna vez.

Un visitante se queda dos segundos y entra. Un rastreador no espera, ni ejecuta lo que hace falta para superarla, así que se lleva esa pantalla como si fuera tu contenido.

Cuando eso se repite, el buscador deja de entender de qué va la dirección y empieza a bajarla sin que hayas tocado nada.

Compruébalo

Pide la portada como si fueras el rastreador y busca la frase que delata la pantalla de espera:

curl -s -A Googlebot https://tudominio.es | grep -i "just a moment"

Si esa línea devuelve algo, ahí está el problema. Si no devuelve nada, esta puerta está abierta.

Hay un fichero pidiendo que no te lean

En la raíz de cualquier sitio vive un fichero de texto con las reglas para los rastreadores. Cuando alguien monta una web de pruebas, lo normal es cerrarlo entero para que no se indexe antes de tiempo. Y cuando esa web pasa a ser la de verdad, a veces nadie se acuerda de abrirlo.

El resultado es un sitio impecable que le está pidiendo por escrito al buscador que no lo mire. La ventaja es que este es el arreglo más barato de todos: una línea.

Compruébalo

Escribe en el navegador tu dirección seguida de /robots.txt y busca esta pareja de líneas:

User-agent: * seguido de Disallow: /

Esas dos juntas cierran el sitio entero. Ojo con la barra sola: Disallow: vacío no bloquea nada, y la diferencia entre las dos es un carácter.

La página llega vacía y se rellena después

Hay webs que envían un documento prácticamente en blanco y construyen todo el contenido con programación cuando ya está en el navegador. Google sabe hacer eso, pero cuesta más y no siempre sale bien, sobre todo si el contenido depende de que respondan varios servicios de terceros.

El síntoma típico no es desaparecer del todo: es que el buscador se queda con el esqueleto. La ficha en los resultados sale con el nombre del sitio y poco más, porque de lo que vendes no llegó a leer nada.

Compruébalo

Abre la portada, pulsa el botón derecho y elige ver el código fuente. Eso es exactamente lo que llega antes de que se ejecute nada.

Con Control y F, busca ahí dentro una frase que sepas que está en pantalla, como el nombre de un servicio que vendes. Si no aparece, tu contenido no viaja en la respuesta: se fabrica después.

La distinción que casi nadie hace

Mucha gente cierra la puerta a los rastreadores de inteligencia artificial, y es una decisión legítima: no todo el mundo quiere que su trabajo entrene modelos ajenos. El problema es que se hace a bulto, y entonces sí se paga en visitas.

Son cosas distintas y Google lo dice por escrito en su propia documentación.

Googlebot
Es el que rastrea para la Búsqueda, incluidas Imágenes, Vídeos, Noticias y Discover. Si le cierras, desapareces de Google.
Google-Extended
Solo decide si tu contenido se usa para entrenar los modelos Gemini. Google documenta que no afecta a la inclusión de un sitio en la Búsqueda ni se usa como señal de posicionamiento. Puedes cerrarle sin perder nada en Google.

O sea que la frase «bloquea los bots de IA y te hundes» es falsa tal cual está escrita. Lo que te hunde es bloquear al que indexa, y ese no es el mismo. Esta web, sin ir más lejos, tiene cerrada la puerta a los rastreadores de modelos en la carpeta donde viven las propuestas que ningún cliente ha encargado, y abierta en todo lo demás.

Las dos afirmaciones de arriba salen de la documentación para desarrolladores de Google sobre sus rastreadores, consultada el 2 de septiembre de 2026.

El arreglo bueno, y el que se publica por ahí

Cuando el problema es el cortafuegos, la solución obvia es decirle que deje pasar a Google. Y ahí es donde casi todo el material que hay escrito se equivoca, con la mejor intención.

Lo que suele decirse

Dejar pasar a quien diga llamarse Googlebot

Es una regla de una línea y funciona a la primera, así que se copia mucho. Ese nombre viaja en un campo de texto de la petición que cualquiera puede rellenar con lo que quiera.

Google avisa expresamente de que hay quien se hace pasar por sus rastreadores para acceder a sitios ajenos. Con esa regla puesta, le acabas de dar a cualquiera una llave y encima creyendo que has cerrado.

Lo que documenta Google

Comprobar de dónde viene de verdad la petición

Google publica dos formas válidas. Una es una consulta DNS inversa sobre la dirección que pide la página, que tiene que resolver a googlebot.com, google.com o googleusercontent.com, y confirmarse después en sentido directo.

La otra, para hacerlo a escala, es comparar esa dirección con los ficheros de rangos que Google publica y mantiene. Cualquiera puede copiar un nombre; nadie puede copiar una dirección que además tiene que responder al revés.

En la práctica, casi todos los servicios de protección traen ya esa comprobación hecha y basta con activarla en su panel. Lo que hay que evitar es escribir la regla a mano por el nombre, que es justo lo que sale primero al buscarlo.

Lo que esta página no resuelve

Que las cuatro puertas estén abiertas no garantiza que aparezcas. Significa que el buscador puede leerte, que es la condición previa, no el resultado. Después vienen la autoridad, la competencia y lo que digas en la página, y eso es otro trabajo.

Tampoco sustituye a mirar el panel de Google. Si tienes acceso a Search Console, la herramienta de inspección de URL te dice exactamente qué recibió el rastreador la última vez que pasó, y eso vale más que cualquier comprobación desde fuera.

Y las cuatro comprobaciones de arriba dicen qué está pasando ahora mismo, desde donde tú las lanzas. Un cortafuegos puede tratar distinto a una dirección de tu ciudad y a una de un centro de datos, así que un resultado limpio hoy no promete uno limpio la semana que viene.

¿Te lo compruebo yo y te mando lo que salga?

Le paso a tu dirección estas cuatro comprobaciones y las otras once que hago siempre, y te lo mando escrito con la forma de repetir cada una por tu cuenta. Gratis, sin compromiso, y con la dirección me basta.