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Guía · Antes de firmar nada

¿Es normal pagar una web por adelantado?

Sí lo es, y conviene decirlo antes que nada, porque el miedo a que sea una estafa hace que mucha gente no pregunte lo que debería. El trabajo de una web ocurre entero antes de la entrega, así que pedir una parte por delante es lo habitual en este oficio.

Lo que decide si te conviene o no es otra cosa: qué puedes comprobar antes de pagar, y qué te llevas si la cosa sale mal. Estas son las seis preguntas que despejan las dos, ordenadas de la que cuesta menos preguntar a la que más.

¿Quién me va a facturar, exactamente?

Un nombre y un NIF. Vale igual una persona dada de alta como autónoma que una sociedad. Lo que no vale es no saberlo hasta que llega el momento de pagar, porque de ese dato depende todo lo demás: sin una factura a nombre de alguien concreto no tienes con quién reclamar si el trabajo no aparece.

Pregúntalo por escrito y en la primera conversación. Quien trabaja en regla lo contesta en diez segundos y no se ofende.

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Cuando tengas el NIF, búscalo en el Registro Mercantil si es una sociedad, o simplemente comprueba que el nombre coincide con el de la cuenta a la que te piden transferir.

Que el número de la cuenta y el nombre de quien te escribe no sean el mismo es la señal más antigua que existe.

¿Qué entra en ese precio y qué no?

Aquí es donde se cuelan casi todos los disgustos, y casi nunca por mala fe: es que cada uno da por hecho una cosa distinta. Cuántas páginas. Cuántas rondas de cambios. Quién escribe los textos. Quién pone las fotos y de dónde salen. Si el precio incluye publicarla o solo hacerla.

Un presupuesto que dice «página web profesional» y una cifra no es un presupuesto, es una cifra.

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Pide la lista por escrito, aunque sea en un mensaje. Y pregunta en concreto por las fotos: si las pone el estudio, pregunta de dónde y con qué licencia, porque una foto de banco usada sin licencia la acaba pagando el dueño de la web.

¿A nombre de quién queda el dominio?

Del tuyo, siempre. El dominio es la dirección por la que te encuentran tus clientes, y no forma parte del trabajo de diseño más de lo que el número de tu calle forma parte de la reforma de tu local.

Si queda registrado a nombre de quien te hace la web, el día que quieras cambiar de proveedor la dirección no viaja contigo. Recuperarla deja de ser un derecho y pasa a depender de que la otra parte quiera, y eso se convierte en el precio de tu marcha.

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Una consulta whois del dominio dice a nombre de quién está registrado y en qué proveedor. La hacen gratis todos los registradores, y aquí está explicado qué mirar y qué hacer si la respuesta no te gusta.

Si el resultado sale oculto por privacidad, que es normal y legítimo, pide entonces por escrito que conste que el titular eres tú.

¿En qué servidor está y cómo me la llevo?

Una web está en un servidor que alguien paga todos los meses. Si esa cuenta está a nombre del estudio, mientras la relación va bien no notas nada, y el día que se acaba te encuentras con que tu web es de otro.

La pregunta útil no es en qué empresa está contratado. Es qué me das si me voy.

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Pregunta esto tal cual: «si un día decido irme, ¿qué me entregas y en cuánto tiempo?». La respuesta buena nombra ficheros y accesos. La respuesta mala habla de lo raro que sería que te fueras.

¿Qué pasa si no me gusta?

Que no te guste el resultado es un final normal y previsible de un encargo creativo, no una catástrofe. Lo raro es que nadie lo haya escrito antes de empezar.

Hay tres respuestas razonables y conviene saber cuál te toca: se devuelve el dinero, se sigue trabajando hasta que salga, o el anticipo se pierde y ahí acaba. Las tres son defendibles. Enterarte de cuál era después de pagar, no.

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Busca esa respuesta en sus condiciones publicadas. Si no las tiene publicadas, pídelas por escrito antes de transferir nada, y guárdalas.

¿Hay permanencia?

Es la última porque es la que más incomoda preguntar, y la que más dinero mueve. Muchos precios bajos de entrada se sostienen sobre una cuota mensual con doce, veinticuatro o treinta y seis meses de compromiso, y ahí es donde está el negocio de verdad.

Una permanencia no es abusiva por existir, y a veces es la contrapartida honesta de un precio de entrada muy bajo. Lo que no vale es que aparezca de sorpresa.

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Multiplica la cuota por los meses de compromiso y suma la entrada. Ese número, y no el de la portada, es lo que cuesta la web.

Cuatro señales de que ahí mejor no

Ninguna de las cuatro demuestra mala fe por sí sola, pero las cuatro tienen algo en común: prometen algo que quien lo promete no controla, o esconden algo que se podría enseñar.

Te garantizan el primer puesto en Google

Nadie controla el orden de los resultados, ni pagándole publicidad a Google. Lo que sí se puede prometer, y demostrar, es una mejora medible: qué está roto hoy, qué se arregla y cómo se comprueba antes y después.

No hay condiciones escritas en ninguna parte

Un estudio que lleva tiempo trabajando ha tenido ya las conversaciones incómodas, y de ahí salen las condiciones. Que no exista ninguna suele significar que aún no ha pasado, o que prefiere resolverlas cada vez a su favor.

El presupuesto no dice si lleva IVA

Parece un detalle y es una diferencia del 21 %. Un precio serio dice siempre si el número que enseña es con impuestos o sin ellos, porque quien factura sabe perfectamente cuál de los dos es.

Todo va por teléfono y nada por escrito

Hablar por teléfono está bien y a veces es lo más rápido. Lo que no puede pasar es que después de la llamada no quede un mensaje que resuma lo acordado, aunque lo escribas tú.

Y lo que hago yo, para que puedas compararlo

Sería raro publicar esta lista y no pasarla por mi propio trabajo, así que aquí van mis respuestas a las seis preguntas de arriba.

Depura, condiciones publicadas

Cuándo se paga
Después de ver la web montada y funcionando. Si no la quieres, se borra y no debes nada.
Cuánto
390 € de puesta a punto una sola vez, y 39,90 € al mes de mantenimiento. Los dos sin IVA, que se añade en la factura.
Permanencia
Ninguna. La cuota se cancela cuando quieras.
El dominio
A tu nombre y en tu proveedor, desde el primer día.
Si no te gusta
Siete días desde la entrega para pedir el importe de vuelta y que retire la web.

Las doce cláusulas están publicadas enteras, con lo que incluye cada precio, cuántas rondas de cambios entran y qué pasa con las fotos.

Dos cosas que conviene que sepas antes de compararme con nadie. La primera: enseñar la web antes de cobrar no lo invento yo, y hay varios estudios en España que trabajan así.

Si estás pidiendo presupuestos, pide también el suyo.

La segunda: a día de hoy no he cobrado a ningún cliente todavía. Estoy arrancando, y lo único que hay construido es una propuesta que ese negocio no ha encargado ni comprado. Prefiero que lo leas aquí a que lo descubras después.

¿Te han pasado un presupuesto y no sabes qué mirar?

Mándamelo y te digo qué le falta de esta lista, sin que tengas que contratarme nada. Y si además quieres, le paso a la web que tengas ahora las quince comprobaciones que hago siempre y te mando lo que salga.